Embriones, clave para el futuro de la ciencia

El estudio y la investigación de los embriones en ciencia es, sin duda, el futuro para las terapias celulares y los trasplantes de órganos. Quizá habías oído hablar sobre la incesante lucha de cualquier laboratorio o equipo de investigación para que las cuestiones legales sean más laxas en la ciencia. Y precisamente, desde China (junto con el investigador español Juan Carlos Izpisúa) viene la respuesta.

¿Se pueden cultivar embriones para el desarrollo en ciencia?

Hace varios años, con los avances de fecundación in vitro y la mejora en las técnicas de los laboratorios para la investigación, se impuso una medida para el estudio de embriones. Únicamente se puede investigar con embriones que tienen como máximo dos semanas de vida tras la fecundación. En las clínicas de fertilidad existen varios embriones sobrantes y durante un periodo máximo legal de 14 días podríamos utilizarlos para investigación.

Ahora bien, la mayoría de la experimentación, hasta la fecha, hacía que un embrión fuera del útero no se desarrollase como lo hace dentro del mismo. Por tanto, cuando las células empiezan a diferenciarse para dar lugar a los diferentes tejidos, si no estaban contenidas fuera del útero, no se observaba este proceso tan perfecto.

Sin embargo, los investigadores chinos han conseguido mantener embriones de mono fuera del útero, observando este proceso de diferenciación celular conocido como gastrulación. La gastrulación es un proceso fundamental en el que el embrión formado por varias células comienza a dar lugar a tres capas celulares diferenciadas, que formarán los órganos. Así, una de esas capas será la que generará los pulmones, el tracto gastrointestinal y el hígado, otra formará más adelante corazón, órganos reproductores y músculos, mientras que la tercera originará la parte más externa de nuestro cuerpo: piel y sistema nervioso.

El proceso de gastrulación requiere que las condiciones exteriores de investigación sean similares a las del útero, donde han de existir moléculas y concentraciones de las mismas en los parámetros idóneos. Aunque este resultado se ha visto para las células de mono, se sabe que el desarrollo embrionario durante las primeras etapas es prácticamente idéntico al humano. Por tanto, podríamos estar ante uno de los avances científicos más importantes de esta década.

¿Cuáles son las aplicaciones de la investigación de estos embriones?

He aquí la pregunta que seguro te estás haciendo: ¿para qué sirve esto?

Una de las aplicaciones sería estudiar modelos de enfermedades. Es decir, se podría llegar a ver cómo se originan algunas enfermedades y, a partir de ahí, buscar posibles curas para las mismas. Este sería el caso de las enfermedades congénitas que surgen durante las primeras semanas de vida. Además, podrían buscarse soluciones para su detección y así avisar a los posibles progenitores para que puedan decidir si quieren o no continuar con la gestación.

La segunda de las aplicaciones es, sin duda, la más cercana y la perseguida por los autores de la investigación con embriones de mono. Sería el cultivo de órganos para trasplantarlos a pacientes en un futuro. Como te hemos comentado, la gastrulación que observaron es el primer momento en el que las células comienzan a diferenciarse y dan lugar a los órganos, de ahí que se espera que más adelante esas células puedan tratarse para conseguir órganos compatibles con los donantes.

En resumen, no nos cabe duda de que la experimentación con embriones en ciencia tiene varios detractores por las consideraciones morales y éticas que hay detrás de la misma. Sin embargo, las aplicaciones que tiene el estudio y la investigación en laboratorio serían numerosas y podrían beneficiar a toda la población, especialmente a las personas enfermas, que podrían tener acceso a nuevas terapias celulares.