¿Existe la posibilidad de crear vínculos emocionales con la tecnología?

La respuesta a la pregunta que hacemos sobre la tecnología en el titular es un sí rotundo, es un sí demostrable, es un sí que ya ha arrasado con gran parte de la población. 

Películas como ‘Her’ y series como ‘Black Mirror’ analizan de una forma muy interesante el vínculo en cuestión: el ser humano y la tecnología

¿Cómo nos afecta lo que vemos en nuestra pequeña pantalla?

Desde hace ya muchos años, la tecnología ha formado parte de nuestra historia en el desempeño de actividades como el entretenimiento, la comunicación o la investigación. Abarca cada vez más espacios, más áreas, más territorios geográficos y, además, de forma irrevocable. Pero, ¿es esto algo positivo? ¿estamos ante un fenómeno social que controlamos o, por el contrario, esta quimera nos controla a nosotros?

En todo lo que haga el ser humano, habrá emociones

Partamos de una base muy sencilla para entender la cuestión: en todo lo que haga el ser humano, habrá emociones. Desde descubrir una vacuna hasta ser testigos de una declaración de amor. Los seres humanos somos sensibles, sensoriales, emocionales y la tecnología provoca todo esto en nosotros sin lugar a dudas. 

Así, Instagram nos puede hacer sentir dichosos cuando nos crea un sentimiento de pertenencia a algún grupo social o tristes cuando vemos algo que otros tienen y nosotros jamás podremos alcanzar. Y así con Facebook, Twitter, marcas online, etc.

La dependencia de la tecnología crece a velocidad de vértigo

Lo cierto es que actualmente, por una cosa o por otra, nos pasamos la vida sumergidos en medios digitales y nos sentimos fuera del sistema si no estamos en Whatsapp, Linkedin o Gmail, entre otras miles de plataformas y aplicaciones. 

La tecnología es ya omnipresente y los gigantes corporativos se pelean por el mejor puesto en el mercado, vendiendo que su producto es más ligero, el más vanguardista y el más capacitado para hacernos mimetizar con el entorno y hacernos la vida más cómoda. 

Si miramos atrás en el tiempo, podemos recordar muchas innovaciones positivas, productos prácticos que nos han aportado un claro beneficio a la humanidad: la cámara de fotos, los dispositivos para escuchar música, la televisión para exhibir grandes títulos cinematográficos, etc. Sin embargo, actualmente la ecuación se ha invertido y, en lugar de la tecnología al servicio del ser humano, encontramos al ser humano sometido a una era exclusivamente digital.  

Más aún, y en rigurosa actualidad, encontramos los dispositivos más inteligentes y receptivos, en total sintonía con las emociones de todos y cada uno de los individuos de nuestro planeta. 

¿ Nos salvará la tecnología? ¡Depende de cómo y cuanto la utilicemos! 

A muchos de nosotros empieza a asustarnos nuestra relación con la tecnología. Y no solo la nuestra, también la de generaciones posteriores que nacieron en una sociedad que les esperaba con pantallas en las manos. 

Resulta inevitable pensar que no podemos aún conocer las consecuencias de tantas horas expuestos a aparatos desconocidos y que la locura colectiva puede arrastrarnos sin darnos cuenta hacia una época en la que nos estamos robotizando

¿Qué pasará con esas familias en las que se acabó el diálogo porque no pueden dejar las pantallas? ¿Y con los niños? En lugar de la cara sonriente de sus padres y una mirada aprobadora por comerse toda la papilla, se encuentran con dibujos y canciones encerradas en un aparato que se ha convertido en su mejor compañero de juegos.

Debemos pensar de forma crítica y recuperar el control de nuestras decisiones. ¿ Nos merece la pena reemplazar las interacciones humanas? ¿Perderemos algunos la capacidad de comunicarnos por falta de práctica? 

Quizás es el momento de enfriar nuestros vínculos emocionales con la tecnología y volver a rutinas más sanas, más naturales, recuperando la forma de pasar mejor nuestros tiempo. 

Así, mantener el control sobre nuestra relación con la tecnología es una tarea que debemos proponernos a diario, pues su presencia es tan abrumadora, que fácilmente nos podríamos perder entre sus redes.